Viernes, 12 de marzo de 2010
 
 
 
Contra
Vampire Weekend
Estos muchachones neoyorquinos juntan el cielo y la tierra en una conexión telúrica: procesan ritmos africanos (siembran más de un arreglo electrónico) a la vez que sonidos dulces y celestes parecen ascender. Festivas y puntillosas guitarras completan la faena. African connection, en otras palabras. Su segunda placa, Contra, tiene un single absolutamente rompedor (“Cousins”), cuyo virtuosismo desafía la mismísima ley de la gravedad musical. Y los otros tracks son harto cumplidores: “White Sky”, “Giving Up The Gun” y “Horchat”, entre otros. No temas que esto no es world music. El problema es que su primer disco epónimo es igual de paja, donde ya habían explotado las virtudes señaladas líneas arriba. Ojo, no es que Contra sea una continuación de lo mismo. Más aún si alguien criado con el iPod se fija en las canciones y no en la cultura de los discos, sin dárselas de erudito que valora las obras. Provenir de Nueva York también su¬pone un estigma. Para bien o para mal. A favor está en que los integrantes del cuarteto se conocieron en la Universidad de Columbia y son unos patas con rollos, pero nunca nerds. En contra está la inmensa influencia de los Talking Heads, también neoyorquinos y quienes, guiados por Brian Eno, se escaparon de la claustrofobia urbana de Occidente y fueron a cazar sonidos de los extramuros, entre ellos africanos, y conjugaron punk, dance, electrónica de autor, genio y locura en discos desafiantes que no se repiten, a los que se suma la ironía insuperable de David Bryne sobre los absurdos de la fauna moderna. Así, sin que los Talking Heads lo busquen, cualquier nieto no reconocido suyo parece sonar menos intenso al lado de ellos.
 



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