Jueves, 02 de setiembre de 2010
 
 
FILMADA EN ROJO SANGRE
Tres años después de “Psicosis”, un especialista en marketing rodó su propia manera de matar a una mujer en la ducha: primero una cuchillada en el ojo, con carnecita colgando luego en la hoja. Después, la amputación de una pierna, con hueso atravesando la piel. Hitchcock prefería el blanco y negro, pero este loco lo quiso en rojo sangre. Así se abrió una puerta trasera y se dejó entrar al demonio más temible del cine: el gore.
Por: Andrés Mego
En el principio de todo, Herschell Gordon se ganaba la vida modestamente dirigiendo películas de calatas. A inicios de los sesenta el público aprendía a saborear los nudie films, pero muy pronto el mercado de pieles desnudas se saturaría y el negocio decrecería. Herschell y el productor David F. Friedman se preguntaron qué podría ahora llenarles los bolsillos con rapidez. Gordon pensaba que la violencia en el cine de entonces era demasiado confortable, nadie podía disfrutar de un apuñalamiento ejecutado con realismo. La próxima vedette del cine tenía que ser la muerte en Technicolor. Miles pagarían por el espectáculo del cuerpo humano destruido sólo para probar si son capaces de resistirlo. Se trataba de un producto totalmente nuevo, sin etiqueta clasificatoria, así que Blood Feast (Festín de sangre, 1963) asoló sin restricciones en cines baratos por todo Estados Unidos. Baste decir que con la entrada te daban una bolsita para los vómitos. Por primera vez gruesos borbotones de pintura roja y menudencia de carnicería se esparcieron sobre las grandes pantallas.

Los grupos pro-moral se escandalizaron de inmediato pero descubrieron que no existía legislación alguna que los proteja de un film como tal, pues no tenía desnudos ni obscenidad. Aún así el vilipendio fue abundante, pero no tanto como la rentabilidad obtenida.

Atracón de Hemoglobina

Pero ¿de qué va esta atrocidad? No surgió de largas cavilaciones creativas, al contrario, la película es oportunista y despreocupadamente defectuosa. Herschell sólo necesitó un guión precario, un presupuesto microscópico, un elenco limitado y algunos kilos de carne de res. El protagonista es Fuad Ramses, un chiflado aficionado a la egiptología, con acento extraño, cejas levantadas y cojera, que dirige un negocio de comida exótica. Mrs. Fremont, una dama de la alta sociedad, visita su tienda en busca de algo especial para la fiesta de su hija Suzette. Fuad sugiere: “¿alguna vez ha tenido un festín egipcio?” (órgano con nota espeluznante). La señora queda encantada con la idea pero, por si las moscas, Fuad la hipnotiza con sus ojos lunáticos. En realidad, Fuad pretende realizar un ritual para la reencarnación de la diosa Ishtar. Las amigas de Suzette serán las vírgenes que habrá que sacrificar, pues pedazos de sus cuerpos serán ofrecidos después (previo cocimiento, eso sí) a los comensales del festín.

Fuad se esmera en los preparativos y sale por las noches a filetear bellas jovencitas. Se despacha a una virgen segundos antes de que su novio la descalifique como tal y huye con los sesos de la chica. Otra joven aporta su lengua que Faud extrae a mano limpia en la escena del film que causó mayor conmoción.

Realizada con los estándares actuales del gore, Blood Feast sería una película que pocos resistirían. Sin embargo, su artificialidad se delata a cada momento por lo divertidamente precarios que fueron todos sus recursos. Los errores de cámara son innumerables, los actores parecen sacados de una actuación escolar y la sangre no oculta su parecido a la pintura.

El Credo del Gore

“Veo el cine como un negocio y compadezco a quienes lo consideran una forma de arte e invierten dinero en base a esa percepción inmadura”.

Herschell jamás entendió que otros emprendieran la extenuante y costosa empresa de realizar una película sólo para la expresión de su ego artístico. Él, un experto en marketing, piensa que una película sólo vale la pena si tiene algún elemento especialmente atrayente para el público, si el costo de producción es bajo y si está desprovista de seriedad.

Herschell encontró un nicho inexplorado, dio con la fórmula e inauguró un sub-género del horror, el gore. El gancho era el espectáculo de la destrucción del cuerpo a partir de utilería barata.

Por ese tiempo, los críticos levantaban las cejas y se tapaban la nariz ante la total falta de escrúpulos de sus películas. Hoy lo invitan a festivales de cine y revistas serias como Cahiers du Cinema le dedican dossiers. Sucedió que su cine, sin proponérselo, tuvo un impacto considerable en la cultura pop y en los directores de horror que le siguieron. Hoy Blood Feast y otras de sus cintas son niñas mimadas de quienes merodean los sótanos del cine. Herschell es un abuelito adorable para quienes crecieron en los ochenta fascinados con la creatividad gore de A Nightmare on Elm Street (1984) o Hell raiser (1987).

Vistas hoy, las películas de Herschell nos encantan por lo entretenido que pudo ser el poco profesionalismo y la total ausencia de ego en el cine.

El Mercado de la Carne

Después del éxito de Blood Feast, Herschell Gordon Lewis continuó con títulos como 2,000 maniacs (1964), s obre un mezquino pueblito del sur de Estados Unidos que celebra el centenario de su fundación masacrando a un grupo de norteños.

Si alguna vez te provoca ver una ejecución al estilo Túpac Amaru, en 2,000 maniacs la puedes encontrar. Le siguió Color me blood red (1965), una burla feroz al mundo del arte: un pintor fracasado encuentra una manera de agradar a los críticos utilizando sangre para plasmar un rojo intenso. Los problemas empezarán cuando sus cuadros se pongan de moda y el artista tenga que salir a conseguir más “pintura”.

En los setenta sus producciones decrecieron aún más en recursos pero de esa época se recuerdan The wizard of gore (1971), un mago que pide voluntarios para arrancarles, sin trucos, extremidades y órganos vitales; y The Gore Gore Girls (1972), donde los destripamientos son parte del menú de un night club.
Eventualmente Herschell se cansó del cine y fundó una exitosa
empresa de marketing.

Desde ya tiempo es considerado todo un gurú del mercadeo con varios best-sellers en su haber. Últimamente se especializa en comercio por Internet y no son pocas las firmas que lo tienen de consultor.

No es para menos, un hombre que logró hacerse rico vendiendo carne cruda en las pantallas puede enseñarnos a vender cualquier cosa.

Mira el trailer de "The Uh Oh Show"

(Y no se pierdan la entrevista al tío H.G. Lewis en la versión impresa de Dedomedio)
26
Feb
10
Marlon Eduardo Zenteno Mayorca
Felicitaciones por el artículo, a veces ciertos medios especializados pasan por alto cosas tan interesantes como esta, sobre todo para quienes nos consideramos algo cinéfilos. La entrevista también está a pedir de boca. Saludos y todo lo mejor en este año dedomedio.




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