ROCK BASTARDO Y DESCORAZONADO
Los Heartless Bastards se han erigido como una de las bandas más destacadas de la escena indie norteamericana. Oriundos de Dayton, Ohio, acaban de sacar su tercer disco, THE MOUNTAIN, que solo ha conocido aplausos. Tras presentarse en el show de David Letterman, han terminado su primera gira europea. Su sello es la ronca voz de Erika Wennerstrom, “una diosa y estrella natural del rock”, según la Rolling Stone. Conversamos con ella.
Por: Paul Alonso
Se abren las puertas del ascensor. Rodeados por guardias de seguridad y equipo de producción, tres hombres avanzan hacia los estudios de TV. Delante de ellos, va una mujer de 31 años, que no debe medir más de 1.60 de estatura. Erika Wennerstrom, cantante y líder de los Heartless Bastards, está enfrascada en un apabullante vestido turquesa, y lista para sellar su pacto con el rock n’ roll. Van a grabar su concierto en vivo para la serie documental de PBS, parte de la 35 edición de la orgía musical que es Austin City Limits, donde han tocado míticos como Johnny Cash, Leonard Cohen, Tom Waits, Neil Young, Ray Charles y Robert Plant, además de otras 130 bandas (entre las más recientes: Franz Ferdinand, The Flaming Lips, Cold Play, Foo Fighters). Los Heartless Bastards acaban de entrar al mismo edificio, quizá para ellos, una montaña.
Además de Erika Wennerstrom (compositora, vocalista, piano y guitarra), la banda está compuesta por el baterista Dave Colvin (gran performer y músico de escuela), el bajista Jesse Ebaugh –ambos miembros originales que han vuelto luego de una ausencia de seis años– y el guitarrista Mark Nathan. Para ellos este ha sido un año decisivo. Promocionan su último disco, THE MOUNTAIN, un ecléctico trabajo que mezcla blues rock y realismo lírico. El disco ha sido muy bien recibido por la crítica y presentado nacionalmente en el sintonizado The Late Show con David Letterman. Estos bastardos descorazonados tampoco descansan en su mejor virtud: tocar en vivo. Viven on the road: se han presentado en centenas de conciertos en Estados Unidos y han completado su primera gira internacional en Inglaterra y Francia.
Este último periodo se inició en el 2008, cuando Erika Wennerstrom se instaló en Austin, Texas: “Había terminado una relación de diez años con un antiguo músico de la banda, así que me pareció mejor cerrar ese capítulo en otro lugar. Además, aquí en Austin tenía familiares y amigos que había conocido en las giras. Mis managers estaban aquí, al igual que mi nuevo productor. Tenía sentido venir”, dice. Y lo canta: “I packed up and headed/ to the City of Light/ to escape the pain and for thrills”. Sin embargo, parece estar empañada de sentimientos encontrados: “I packed my bags and I left my home./ And now everything’s changing, I’m feeling alone”.
La voz del rock
La historia de los Heartless Bastards comienza en un bar de Cincinnati llamado The Comet, donde tocaron por primera vez en agosto de 2003. Luego de abandonar el colegio y trabajar como mesera en un bar, Wennerstrom se sumergió en la música. Inspirada por la escena indie de los noventa en Ohio (donde brillaban Brainiac, Breeders, y Guided By Voices), fundó su banda. El nombre viene de un juego de Trivia. Una pregunta sobre el grupo que acompañaba a Tom Petty les ofrecía la alternativa “Tom Petty and the Heartless Bastards”. A Erika le pareció divertido y bajo ese nombre pelearía su lugar sobre los escenarios. “Es un nombre que está abierto a muchas interpretaciones”.
Pronto, la banda firmó con la Fat Possum Records en el 2004 (la cual sigue siendo su disquera), luego de que Patrick Cartney de los Black Keys les pasara un demo que recibió de Wennerstrom. El demo tenía cinco temas y se convirtió en su primer disco: STAIRS AND ELEVATORS. Sobre este debut, The Village Voice publicó: “Lo que tenemos aquí son melodías que se sienten arquetípicas, para nada ordinarias, lo que no es fácil de explicar, pero menos de tocar”. El segundo álbum fue ALL THIS TIME (2006), el cual, según la Rolling Stone, “suena como si Wennerstrom cantara sobre los hombros de gigantes”.
Es esa voz grave, más parecida a la de un tenor que a la de una cantante femenina, la marca distintiva de los Heartless Bastards. Como sucede cuando aparece un músico talentoso y llamativo, las comparaciones están por todos lados. Desde Muddy Waters hasta The Kinks, la voz de Wennerstrom no deja de tener ese halo trasnochado, melancólico y desesperado de Janis Joplin.
–Has sido comparada también con PJ Harvey y Robert Plant ¿Qué cantantes admiras?
–Definitivamente los admiro a ambos –nos dice–. Para mí es un cumplido. Pero he tenido muchas otras fuentes de inspiración e influencias. Por ejemplo, Iggy Pop, Debbie Harry, Otis Redding, Nico de los Velvet Underground, los Rolling Stones… Podría seguir un buen rato… Trato de copiarlos a todos y que salga algo particular con mi voz.
Para Lucinda Williams (con quien hace poco se fue de gira), “la voz de Erika es dinamita. No piensa en el alarde frívolo, ni en la presentación, ni en el marketing, ni en la publicidad”. Porque los alaridos de Wennerstrom suenan reales, no se siente el artificio ni el innecesario histrionismo; suenan como vasos de whisky cultivados en bares y locales nocturnos, escenarios que fueron su cuna. Quizá por eso es que algunos consideran a los Heartless Bastards como “la mejor banda de bar”. O como publicó el Austin Chronicle: “La voz de Wennerstrom parece el vaso de whisky que ayuda a que la medicina haga efecto”.
La Montaña
Pocos días después de documentar su concierto en vivo para la serie de Austin City Limits, tenía mi entrevista con Erika en un café al sur de Austin. Llegó temprano, sola y sin prisa. Vestía una blusa verde, una falda corta y sandalias. Pidió una taza de café y un bagel.
Uno piensa que reconoce a una estrella de rock cuando la ve. Pero esa mañana de verano, bajo un calor endemoniado y fuera del escenario, a Erika solo se le notaba despistada. Sería inocente pensar que esto la convertía en una chica común. Algo en su dispersión y desenfado apuntaba más conflicto.
–Como compositora, ¿cómo es tu proceso creativo?
–Normalmente tengo canciones en la cabeza todo el tiempo. Algunas las tengo allí durante años. A veces, se me ocurre una parte pero no encuentro la mejor manera de seguir. Entonces la dejo almacenada en mi cabeza; quizá trabajo en ella tres o cuatro años después. Pero usualmente llego a cierto punto en que tengo que sacarla de mí, y agarro la guitarra y trato de encontrar el mejor camino. En algunas ocasiones veo imaginariamente la melodía y en otras siento la idea completa de la canción. Comienza en mi cabeza, vuela por las nubes, la trabajo y pienso en diferentes maneras de cantarla y tocarla, hasta que sale… Las canciones son como hijos: hay un periodo de embarazo, luego sale al mundo, le añado instrumentos, trabajo con más gente en ellas, hasta que dejan de ser niños. Y hay un momento en que hay que dejarlas ir.
Así son los once temas de THE MOUNTAIN, un honesto documento de nuevos inicios y un testimonio sobre cómo mantener la cabeza en alto mientras el mundo se estremece y colapsa al mismo tiempo. Wennerstrom canta sobre atravesar desiertos, ser azotada por huracanes, y nos revela cómo penetrar aquella montaña a donde te lleva el deseo.
Producido por Mike McCarthy –conocido por su trabajo con Spoon, Trail of Dead y Patty Griffin– el disco fue lanzado en febrero del 2009. En The Mountain, la garganta de Wennerstrom es dominante, entre riffs de rock y calmados acordes acústicos. Es, sin duda, su disco más ecléctico. En contraste con los anteriores, incluye una gama experimental de nuevos instrumentos, como mandolinas, banjos, cuerdas y violín. A pesar de la influencia del folk de los sesenta, aún mantiene algo de la furia del garage rock de sus primeros trabajos, como en la energética “Early in the Morning”, la emoción de “Out of the Sea” y el melancólico “Hold your Head High”.
–¿Seguirán en la vena experimental o tratarás de consolidar un estilo?
–Nunca digo nunca. Solo dejo que las canciones que escribo me lleven a donde quieren ir. Estoy abierta a tratar todo tipo de cosas nuevas. Así que no quiero consolidar un estilo en particular. Quiero la libertad de simplemente escribir una canción y presentarla de la mejor manera. Puedo incorporar cualquier instrumento, siempre y cuando le haga justicia a la canción.
Ahora, dice Erika, tiene en la mente una canción que la persigue inspirada por la música de T. Rex. Quizá por eso se le nota despistada, como quien patina entre sus más recientes influencias: My Morning Jacket, The Black Keys, The Kills. En pocas horas, se subirá a una camioneta rumbo a Ohio, donde tocará con Wilco, luego seguirá a Tennessee y Nuevo México. Y la lista sigue imparable hasta octubre. Pero ella no se queja: “Desde que tuve la suficiente edad para querer algo, siempre he querido hacer esto”. El sol le cae en los ojos y toma un sorbo de café. Sé que voy a volver a escuchar de ella.